El gobierno de Javier Milei ingresó en mayo de 2026 a su período de mayor turbulencia interna desde la asunción presidencial. Lo que hasta hace pocas semanas se procesaba como una tensión latente y manejable entre facciones del oficialismo se convirtió en un conjunto de conflictos abiertos, simultáneos y con nombres propios que erosionan la imagen de coordinación y cohesión que el Ejecutivo intentó sostener durante el primer año y medio de gestión. El detonante no fue uno solo: fue la acumulación de un escándalo judicial de alto impacto, una guerra de trincheras digitales en el corazón del partido gobernante y el quiebre de la solidaridad de gabinete en la figura de una de las ministras más visibles del gobierno.
El primer frente: el caso Adorni paraliza la agenda
La causa judicial contra el jefe de Gabinete Manuel Adorni —investigado por enriquecimiento ilícito, dádivas y contratos irregulares con la TV Pública— se instaló como el foco de mayor impacto político para el gobierno desde abril de 2026. Milei decidió blindarlo en múltiples instancias: descartó públicamente su salida con el lapidario "ni en pedo se va", lo sentó a su lado en un acto de alto valor simbólico junto a autoridades de la DAIA y la B'nai B'rith, y convocó una reunión de gabinete de dos horas y media en la que expresó un apoyo que fuentes cercanas al jefe de Gabinete describieron como "total y absoluto". Adorni respondió en la misma línea: "Si me pegan a mí, le pegan a Milei".
Sin embargo, el caso generó el primer quiebre visible en la solidaridad interna. La ministra de Seguridad y senadora nacional Patricia Bullrich —figura clave del armado electoral de La Libertad Avanza— pidió públicamente que Adorni presentara "de inmediato" su declaración jurada patrimonial, cuando el plazo oficial no vencía hasta el 31 de mayo. La exigencia fue percibida dentro de la Casa Rosada como una diferenciación deliberada y abrió un cruce que quedó en el registro sin resolverse: Bullrich formalizó su propia declaración jurada de manera anticipada el 19 de mayo, en un gesto que los analistas leyeron como una distancia calculada del funcionario más comprometido del gabinete. La tensión entre Bullrich y Karina Milei, señalada como la figura que más activamente respaldó a Adorni, escaló hasta volverse un factor de inestabilidad autónomo.
El segundo frente: la guerra Caputo-Menem y la cuenta @PeriodistaRufus
El fin de semana del 17 y 18 de mayo el conflicto interno alcanzó una nueva dimensión cuando el asesor presidencial Santiago Caputo difundió en su cuenta de X capturas de pantalla que vinculaban la cuenta anónima @PeriodistaRufus con el perfil personal de Instagram del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem. La cuenta había publicado sistemáticamente ataques al asesor presidencial y a figuras como el ministro de Economía Luis "Toto" Caputo y Patricia Bullrich, mientras exaltaba la figura de Karina Milei. El episodio expuso lo que hasta entonces era un secreto a voces: dentro de La Libertad Avanza coexisten dos facciones con estrategias, intereses y lealtades diferenciadas que compiten por el control del partido, el manejo del Congreso y el posicionamiento electoral de cara a 2027.
Menem admitió "un error involuntario del CM" —en referencia al community manager— que administraba su cuenta de Instagram, lo que fue interpretado como una aceptación parcial de la vinculación. La cuenta @PeriodistaRufus fue dada de baja, pero el episodio no cerró: Caputo continuó presionando desde sus redes y la tropa digital de su entorno conservó capturas comprometedoras. El presidente de la Cámara de Diputados se vio obligado a dar explicaciones ante el bloque legislativo de LLA, en una situación sin precedentes para un funcionario de esa jerarquía dentro del propio oficialismo. Fuentes del gobierno reconocieron que el episodio dejó "una fuerte desconfianza hacia adelante" en las relaciones entre los tres protagonistas de la mesa política del oficialismo: Karina Milei, Menem y Caputo.
El mapa de las facciones
| Sector | Figuras clave | Posición / estrategia |
|---|---|---|
| Ala de Karina Milei | Karina Milei, Martín Menem, Manuel Adorni, Agustín Romo | Control del partido y armado territorial; respaldo a Adorni; conducción centralizada |
| Ala de Santiago Caputo | Santiago Caputo, Daniel Parisini ("Gordo Dan"), tropa digital | Manejo de la comunicación presidencial; presión vía redes sociales; disputa por influencia sobre el Presidente |
| Sector Bullrich | Patricia Bullrich, Damián Arabia (Diputados) | Diferenciación del caso Adorni; independencia táctica; posicionamiento electoral propio |
| Posición del Presidente | Javier Milei | No gestiona la interna; respalda a Adorni y a Karina; no ejecuta a ningún bando; prioriza la agenda económica |
El impacto en las encuestas: la caída más pronunciada del ciclo
Los datos de opinión pública de mayo de 2026 no dejan margen para interpretaciones optimistas. La consultora M&F Consultora, en un relevamiento nacional sobre 2.600 casos realizado entre el 13 y el 27 de abril, midió la imagen positiva de Milei en 38,9%, una caída de 10 puntos respecto de febrero. La imagen negativa trepó al 46,4%, con un diferencial negativo de 26 puntos entre positivas y negativas. El nivel de desaprobación de la gestión alcanzó el 54,3% contra un 37,2% que aún la aprueba. Una encuesta de la consultora Zubán Córdoba fue aún más contundente: 72,1% de imagen negativa para el jefe de Gabinete Adorni, contra un 16,5% de imagen positiva. Y según otra medición publicada por Infobae el 4 de mayo, la desaprobación presidencial llegó al 63%, el nivel más alto desde el inicio del mandato.
El deterioro tiene una lectura política precisa: el desgaste no proviene exclusivamente de los sectores que nunca respaldaron al gobierno, sino de una erosión dentro del propio electorado libertario. Analistas y consultoras coinciden en que el escándalo Adorni impactó principalmente sobre el núcleo duro votante de Milei. La consultora de Jorge Giacobbe ubicó la caída entre 7 y 8 puntos previo a la polémica, mientras Zentrix midió en marzo una caída de 7 puntos en imagen positiva —del 47% al 40%— solo en el mes anterior. Paralelamente, el 51,6% de los encuestados en el relevamiento de M&F declaró que votaría por "un cambio total de políticas y equipo de gestión", frente al 42,8% que respaldaba alguna forma de continuidad.
La economía como variable de fondo
El trasfondo de las turbulencias políticas es un cuadro macroeconómico de recuperación parcial y desigual. La inflación de abril de 2026 fue del 2,6% mensual, la más baja desde noviembre de 2021 y una señal concreta de desaceleración —el interanual bajó levemente de 32,6% en marzo a 32,4% en abril—. Sin embargo, la inflación acumulada del primer cuatrimestre fue del 12,3%, ya por encima de la proyección oficial para todo el año (10,1% según el presupuesto aprobado). El propio Milei reconoció que el primer trimestre de 2026 "estuvo complicado" en materia económica, y datos del INDEC confirmaron una contracción del 2,6% mensual y del 2,1% interanual en febrero. La economía sigue siendo, según todas las encuestas, el principal factor de desgaste para el gobierno: el 60% de los argentinos calificó en marzo como negativa la situación económica, 12 puntos más que en febrero.
Perspectiva analítica: el costo de no gestionar la interna
El análisis de la situación política del gobierno de Milei en mayo de 2026 revela un problema estructural de gestión interna que trasciende las anécdotas: el Presidente optó desde el inicio por no arbitrar entre las facciones de su propio espacio, delegando el manejo político en Karina Milei y la gestión comunicacional en Santiago Caputo como dos ejes de poder paralelos y sin jerarquía definida entre ellos. Esa arquitectura funcionó razonablemente bien mientras el gobierno acumulaba victorias legislativas y la imagen presidencial era alta. En el momento en que irrumpió un escándalo judicial de impacto —el caso Adorni—, la ausencia de un mecanismo de arbitraje interno convirtió cada movimiento de un bando en munición para el otro. El resultado es una crisis que ya no es solo política: afecta la coordinación del gabinete, paraliza la agenda legislativa, erosiona la imagen del Ejecutivo y genera dudas sobre la gobernabilidad en un año preelectoral. La pregunta que se instala en el escenario político argentino es si Milei tiene la voluntad y los instrumentos para reconducir esa dinámica antes de que defina el tono de la campaña de 2027.