En el tablero cambiario argentino conviven esta semana dos imágenes que parecen contradictorias pero en realidad definen con precisión el estado de situación del programa económico de Javier Milei: la acumulación de reservas internacionales marcha a un ritmo histórico —con compras que ya superan los USD 8.700 millones en lo que va de 2026 y reservas brutas que rozaron los USD 46.583 millones en mayo—, mientras que la brecha entre el tipo de cambio oficial y el techo de la banda cambiaria se ensanchó hasta un 25%, generando preguntas sobre la sostenibilidad del esquema de flotación y sobre cuándo llegará el próximo paso en la hoja de ruta de las reformas financieras. El ministerio de Economía y el Banco Central, bajo la conducción de Luis Caputo y Santiago Bausili, mantienen silencio oficial sobre los próximos movimientos. Pero el mercado no deja de mirar.
El estado del esquema cambiario: flotación entre bandas y una brecha que inquieta
Desde el 11 de abril de 2025, la Argentina opera bajo un régimen de flotación entre bandas cambiarias. El esquema original fijó el corredor entre $1.000 y $1.400 por dólar, con ajuste mensual del 1%. A partir del 1° de enero de 2026, el gobierno modificó el mecanismo: el techo y el piso de la banda se actualizan mensualmente según el último dato de inflación publicado por el INDEC con dos meses de rezago, lo que amplía progresivamente el corredor a medida que la inflación desacelera. Con la inflación de marzo en 3,4%, el techo de la banda para mayo quedó fijado en torno a los $1.761, mientras el dólar oficial mayorista operaba el 20 de mayo alrededor de $1.398 y el dólar oficial minorista en el Banco Nación a $1.420 para la venta. La brecha entre el tipo de cambio corriente y el techo de la banda —que en enero de 2026 era prácticamente nula— alcanzó a mediados de mayo el 25%, el nivel más alto en un año. Esta ampliación no generó corrida ni volatilidad, pero sí lecturas divergentes en el mercado: para los optimistas, refleja la solidez del ancla cambiaria con amplio margen de maniobra; para los críticos, indica que el peso se está apreciando artificialmente en términos reales, lo que eventualmente podría presionar sobre la competitividad exportadora.
Las cotizaciones del dólar al 25 de mayo de 2026
| Tipo de dólar | Cotización (venta) | Variación semanal |
|---|---|---|
| Dólar oficial (Banco Nación) | $1.425 | +10% en 5 ruedas |
| Dólar blue | $1.470 aprox. | Estable / leve alza |
| Dólar MEP (bolsa) | $1.435,64 | +1% |
| Dólar CCL (Contado con Liquidación) | $1.485,92 | Leve alza |
| Dólar tarjeta | $1.852,50 | Estable |
| Techo de banda cambiaria (mayo) | $1.761 | — |
| Brecha oficial vs. techo de banda | ~25% | Mayor nivel en 12 meses |
Las reservas: el activo más sólido del gobierno en el frente financiero
La acumulación de reservas es el dato más contundente del frente cambiario en 2026. El 21 de mayo, el Banco Central realizó su mayor compra del mes: USD 328 millones en una sola rueda, en lo que representó la cuarta adquisición de mayor volumen desde la llegada de La Libertad Avanza al gobierno. Con ese movimiento, las reservas brutas crecieron USD 393 millones y alcanzaron los USD 46.583 millones, cerca del máximo registrado durante la actual administración —USD 46.905 millones en febrero—, el nivel más alto desde 2018. Las compras acumuladas en 2026 suman USD 8.706 millones en 91 ruedas cambiarias, con un promedio de USD 95,6 millones por jornada. Solo en mayo, el BCRA compró USD 1.551 millones. Si se toma como referencia la meta mínima de USD 10.000 millones anuales acordada con el FMI, el Banco Central ya cubrió aproximadamente el 87% del objetivo con siete meses por delante. El escenario base oficial eleva la proyección a entre USD 10.000 y USD 17.000 millones, dependiendo del ritmo de remonetización y la dinámica del mercado de cambios.
La mejora en reservas tiene un respaldo institucional clave: el FMI aprobó en mayo la segunda revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas y habilitó un nuevo desembolso de USD 1.000 millones, que elevó los fondos recibidos a unos USD 15.800 millones sobre un total de USD 20.000 millones acordados en abril de 2025. El mismo día que llegó la notificación del FMI, Milei anunció desde la Bolsa de Cereales una rebaja de las retenciones al trigo, la cebada y la soja —una señal política de estímulo al sector que lidera la oferta de divisas—, en un gesto de coordinación entre el frente fiscal, el financiero y el agropecuario que el mercado interpretó positivamente.
La calificación de Fitch y el riesgo país debajo de 500
Un hito de mayo fue la caída del riesgo país por debajo de los 500 puntos básicos. El 11 de mayo, el indicador elaborado por el banco JP Morgan perforó ese umbral y tocó los 498 puntos, su nivel más bajo en años. El catalizador inmediato fue la decisión de la calificadora Fitch Ratings de elevar la nota soberana de Argentina de CCC+ a B-, con perspectiva estable, al destacar mejoras estructurales en las cuentas fiscales y externas, avances en reformas económicas y mejores perspectivas de acumulación de reservas. La mejora generó un rebote de casi 3% en los bonos Globales y un avance del 4,4% en el S&P Merval. Una semana después, el 20 de mayo, el riesgo país se ubicaba en torno a los 532 puntos básicos, con cierta volatilidad de corto plazo pero manteniéndose en el rango más bajo desde el inicio del mandato de Milei.
La "pieza que falta": el cepo a empresas y el giro de dividendos
Si las reservas son el activo del gobierno en el frente cambiario, el cepo corporativo es la asignatura pendiente. Desde Adcap Grupo Financiero señalaron que en el programa monetario actual "la única pieza que falta es la eliminación de los controles de capital que aún permanecen" para empresas. Desde el 14 de abril de 2025, las personas físicas pueden comprar dólares sin restricciones en el mercado oficial. Pero para las empresas rigen todavía limitaciones relevantes: los plazos para acceder al mercado oficial para pagar deudas externas fueron ampliados en mayo de 2025 a 18 meses, una restricción que analistas calificaron como "un giro en sentido contrario" a la desregulación anunciada. Y aunque el gobierno liberó en principio el giro de utilidades correspondientes a ejercicios económicos de 2025, el acceso efectivo para las compañías cuyos balances cierran a mediados de año se habilitaría recién a partir de junio de 2026, con fuerte demanda embalsada de empresas multinacionales que llevan años sin poder transferir dividendos a sus casas matrices.
La combinación de esa demanda latente de dólares corporativos con el escenario electoral de 2027 —año en que Milei busca la reelección— tensiona la hoja de ruta cambiaria. El mercado descuenta que el gobierno requerirá nuevas fuentes de divisas —ya sea el tercer tramo del programa con el FMI, un nuevo préstamo repo con bancos internacionales, o una aceleración de las exportaciones agroindustriales vía rebaja de retenciones— para liberar el cepo corporativo sin afectar el nivel de reservas. La pregunta que se instala en los despachos financieros es de timing: si el gobierno libera el cepo a empresas antes de consolidar reservas netas positivas, el escenario podría tornarse volátil; si espera demasiado, pierde credibilidad ante los inversores externos que condicionan su permanencia en el mercado local a la plena normalización del acceso a divisas.
Perspectiva analítica: el corredor cambiario como termómetro de la confianza
El análisis del frente cambiario en mayo de 2026 revela que el gobierno de Milei ha logrado una estabilidad técnicamente robusta —reservas en máximos del ciclo, brecha acotada, riesgo país debajo de 500 puntos, inflación en desaceleración— pero aún no ha completado la transición hacia un régimen cambiario sin restricciones al capital. La distancia entre el tipo de cambio corriente y el techo de la banda es simultáneamente una señal de fortaleza —el mercado no presiona hacia arriba— y una advertencia —el peso gana valor real en un contexto donde la inflación aún supera a la mayoría de los socios comerciales. El próximo movimiento del equipo económico estará definido por la dinámica de tres variables: el ritmo de compras del BCRA en los meses de menor liquidación de cosecha gruesa (julio-septiembre), el cronograma de pagos al FMI —que acumula más de USD 4.400 millones en vencimientos durante 2026— y la velocidad con que el Tesoro consolide el superávit fiscal como condición de sostenibilidad del ancla nominal. En ese equilibrio delicado, cada anuncio del ministerio de Economía tiene un peso desproporcionado. Y el mercado, en una semana de alta sensibilidad política, no deja de monitorear cada señal.